Beneficios del masaje sensitivo



Quizás el masaje sea la
herramienta terapéutica de más antigüedad usada por el hombre. Durante siglos, su función principal ha sido proporcionar un recurso natural contra el dolor. Ha ido evolucionando a la par con la sociedad, de forma que ha podido adaptarse a las condiciones climáticas y temperamentales de cada pueblo o ciudad donde es impartido.

Gracias a la evolución, el día de hoy conocemos el tacto estructurado que es parte del masaje sensitivo. Este tipo de masaje está dirigido, principalmente, a personas sanas, sin lesiones determinadas o fatigas musculares por sobreesfuerzo.

El propósito del masaje sensitivo es aliviar las consecuencias físicas y emocionales del estrés, el cual forma parte de la vida en la actualidad. También se le conoce como masaje anti estrés. Sin embargo, debemos recodar que todo medio terapéutico, no solo el masaje, se recomienda al paciente dependiendo del propósito que se quiera lograr para cada persona.

Se aplica en movimientos suaves y armónicos, sin hacer cambios bruscos en el ritmo o perder el contacto. La única forma de que se pierda contacto con el paciente es que éste necesite un tiempo de reposo para que el cuerpo libere energía.

El propósito principal de este tipo de masaje es darle relajación general al paciente, por ello se masajea todo el cuerpo. También resulta más eficaz si se combina con el drenaje linfático manual, estiramientos suaves y estiramientos articulares suaves.

Clínicamente sus objetivos son proporcionar mediante el tacto la integración de cuerpo y mente, aportando seguridad y aceptación. Al tiempo que se favorece la liberación de las tensiones físicas, mentales y emocionales.

También se desplazan los desechos metabólicos de la sangre logrando que mediante el masaje estos lleguen a su lugar de reciclaje.

De modo que, para que todo esto ocurra, es necesaria una técnica que otorgue deslizamiento, al tiempo que una presión suave y firme. Recordando que no debe ser demasiado fuerte, ya que de esta forma se provocará malestar en el paciente, dejándolo adolorido. Debe hacerse con un ritmo de medio a lento para que tampoco genere ansiedad.

Lo ideal es que el masajista utilice toda la palma de la mano y los antebrazos. Estos últimos se requieren para dirigir el movimiento en direcciones opuestas y abarcar grandes superficies musculares. Por otro lado, los antebrazos permiten que el masajista descanse sus manos.

Lo mejor de este masaje son los cambios armónicos en el ritmo que ayudan a relajar la musculatura, el contacto físico, que otorga sensación de tranquilidad además de ser sinónimo de empatía. Por otro lado, se trabaja en silencio para que la concentración sea mayor, de esta forma, el paciente solo debe ocuparse de que las presiones y dolor diario se vayan poco a poco.

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